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La España vaciada estaba llena de palabras perdidas
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Información publicada en ABC en el enlace siguiente...

https://www.abc.es/cultura/abci-esp...26_noticia.html


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La España vaciada estaba llena de palabras perdidas

Libros, series y exposiciones recuperan el lenguaje arraigado en la vida rural y reivindican el valor de voces que evocan mundos no del todo olvidados

 
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María Sánchez rescata palabras en peligro de extinción en su libro «Almáciga»


En los últimos años en España, varios esfuerzos creativos han tenido como campo de reflexión al medio rural al que en esta pandemia algunos, los que pudieron, mudaron. Desde aquella «La España vacía» de Sergio del Molino y, luego, María Sánchez con su «Tierra de mujeres» (con su matiz de España vaciada), hemos visto llegar recientemente, por ejemplo, a «Un hipster en la España Vacía», novela de Daniel Gascón, o productos audiovisuales como «El Pueblo» o «Historias de Alcafrán», que encuadran cierto fenómeno. La guinda es la exposición «Delibes» en la Biblioteca Nacional, que rescata en su centenario la obra de uno de los escritores con el lenguaje más arraigado en los campos.

Precisamente, la también veterinaria de campo Sánchez publicó a comienzos de este septiembre «Almáciga» (ed. geoPlaneta), un proyecto colaborativo digital para rescatar palabras en peligro de extinción y que ha brotado en formato libro, delicadamente ilustrado por Cristina Jiménez. En él se nos muestra una parte de un glosario de vocablos que será mayor, pues el salvamento continuará en su web.

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Delibes, en una foto de la exposicíon de la Biblioteca Nacional con motivo del centenario del escritor que más atento estaba al habla rural castellano


«¿A dónde irán las palabras al desaparecer? ¿Qué ocurrirá con nuestras hablas? ¿En qué se transformarán? ¿Permanecerán latentes dentro de una crisálida a la espera de algún cambio? ¿Se convertirán en marcas y pinturas que dentro de muchísimos años los hijos e hijas del futuro serán incapaces de descifrar?», se pregunta la también poeta.

Bellezas como «oriscana» (la última luz de la tarde), «dorondón» (cuando aparece la niebla y hiela, en Huesca), o «seher» (el viento de las mañanas), o cosas últiles como la «colodra» (una cuerna de bóvido tallada por pastores para recoger agua de manantial, el ordeño o llevar vino) son algunas de las palabras que leemos en este vivero terminológico llamado «Almáciga», que, en su segunda acepción en la RAE, significa: «Lugar donde se siembran y se crían los vegetales que luego han de trasplantarse». Y como propusiera Richard McGuire en su revolucionario cómic «Aquí», que contaba la historia del rincón de una habitación y de todo lo ocurrido en ese pequeño espacio a lo largo de miles de años, Sánchez lucha mantener calentito este rincón que son las palabras, que son su familia y tantas otras familias. «Claro que te sientes forastera cuando te das cuenta de que no has sido consciente de lo que te rodeaba», confiesa su punto de partida. «Todo es un camino de regreso y un camino para saber adónde vamos».

 
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Alberto Caballero, productor de la serie «El pueblo»


Alberto Caballero, capo de las series urbanitas «La que sea vecina» y «Aquí no hay quien viva», tuvo para «El pueblo» que documentarse y acumular un montón de palabras en desuso «algunas específicamente castellanas y otras no». Y es que no son de creación propia ese «amuñar» (equivalente a estropearse), «engollipao» (estar lleno) o «estrapalucio» (desaguisado). «Se me amuñó el amor tiene una sonoridad que hace que se entienda perfectamente lo que quiere decir. Y “engollipao” nos gustó tanto que ya la utilizamos en nuestro día a día», nos cuenta.

Para la especialista en Geolingüística y académica correspondiente de la RAE Pilar Garía Mouton hay que cuidar estas palabras ancestrales porque «forman parte de nuestro patrimonio cultural y, por eso mismo, son respetadas y aprovechadas por los mejores escritores. Resulta simplista considerar que solo tiene prestigio el lenguaje que se emplea en las ciudades. Quizá ahora que, en condiciones adversas, estamos viendo la importancia del mundo rural, haya una oportunidad para recuperarlas».

García Mouton coordina desde el CSIC el proyecto de publicación de los materiales inéditos del «Atlás Lingüístico de la Península Ibérica» (ALPI), que a principios del siglo pasado dirigiera Tomás Navarro Tomás. Concebido en los primeros años del s.XX por Ramón Menéndez Pidal, el ALPI surgió en el marco de la Geografía Lingüística europea del momento, impulsada en aquellos primeros años del siglo por la publicación del «Atlas Linguistique de la France», de Jules Gillierón. Así lo explicaba en 1975 Tomás, el discípulo predilecto de Menéndez Pidal: «Sería una representación de la lengua popular hablada en pueblos menores y antiguos por personas iletradas o de escasa cultura, entre los cuarenta y los sesenta años de edad».

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Personajes de «El pueblo», que juega con los clichés pero aborda las idas y venidas culturales entre lo urbano y rural


«Lo importante es todo lo que hay detrás, qué conlleva, qué historia, qué vida, qué memoria, qué hemos olvidado, de dónde venimos, qué genealogía, qué narrativa, qué oficio, qué forma de producción, qué vínculo, qué forma de trabajar la tierra... Para mí eso es lo importante de las palabras», dice Sánchez. La autora de «Cuaderno de campo», que en su nuevo libro llega a repetir tres veces a modo mantra «la memoria, la memoria, la memoria…» considera que «hay que cambiar la manera de mirar a nuestros pueblos, tenemos muy asimilado lo de la Cultura, sin la etiqueta “urbana”, para hablar de la cultura que se hace desde las ciudades. Pero tenemos asimilado decir Cultura rural. Para mí es cultura y punto, es patrimonio, un patrimonio vivo». Que además siempre se ha contado «desde las ciudades, siempre hombres y literatura de la contemplación, la desconexión, la idealización, la nostalgia…».

«Hay debate sobre si las mujeres son más conservadoras lingüísticamente que los hombres», dice la estudiosa Pilar García Mouton, académica correspondiente de la RAE
En este sentido, García Mouton explica que cuando estaban elaborando el Atlas Lingüístico y etnográfico de Castilla-La Mancha (ALeCMan) por primera vez incluimos sistemáticamente encuestas con mujeres. «Hasta entonces solo se las solía encuestar como informantes secundarias, preferían hombres para una encuesta sobre el campo, la ganadería, la elaboración del aceite, del vino... y también porque los encuestadores eran hombres». De hecho, hay debate sobre si las mujeres son más conservadoras lingüísticamente que los hombres. «Depende. En la época en que el campo estaba aislado, las mujeres conservaban “su” norma, la heredada, que era la que para ellas tenía prestigio. Desde que existe contacto con la norma exterior e instrucción general, las mujeres buscan el prestigio en esa norma externa y, por eso, pueden llegar a ser más innovadoras que los hombres». Así, de hecho, ahora se realiza una encuesta a dos niveles: lo que se decía antes y lo que dicen ahora. «Por eso, nos decían que las bajocas eran las que se cultivaban en el huerto, pero que las que traía el frutero se llamaban judías verdes».

 
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Ilustración de Cristina Jiménez para «Almáciga» - Cristina Jiménez


En su poemario «Trabajar cansa», el gran simbolista rural italiano Cesare Pavese escribió: «Estas duras colinas que han hecho mi cuerpo y lo sacuden con tantos recuerdos, me han abierto el prodigio de esa, que no sabe que la vivo y no logro comprenderla». Pero lo que sí que hay que comprender es que los pueblos son tantos como las ciudades son desde Zamora a Nueva York (con perdón por la comparación a bulto para la primera, joya del románico). ¿Le preocupaba incurrir en los clichés al crear «El pueblo»? «Cuando escribimos no nos da miedo casi nada. Varios guionistas tenemos raíces castellanas en nuestras familias (Valladolid, Burgos...). Veraneamos en los pueblos de nuestros abuelos, sabíamos de lo que hablábamos. Por supuesto que hay muchos tipos de pueblos y que cambian bastante en función de la geografía, pero mantienen unos rasgos comunes. Hay un temperamento universal del campo. Y es una maravilla», dice Caballero.

Sánchez es optimista: «Hay que romper esa postal simple y plana de que solo hay un tipo de pueblo, un tipo de persona que vive en el medio rural… Creo que, por fin, de eso estamos saliendo». De hecho, la poeta es bidireccional en sus roturas: «Creo que también hay que romper con esa dicotomía de la arrogancia de la gente de las ciudades, porque hay arrogancia y paternalismo en ambos sentidos. Te lo puedes encontrar en el pueblo hacia esa persona nueva que llega a vivir allí. Y, al revés, habrá gente que nos verá como la cabaña de Walden, otros como los de los Santos Inocentes…». Respecto a los que aún hoy consideran a paletos y desprecian a los que hablan con localismos, García Mouton apunta: «Es una especie de síndrome del nuevo rico lingüístico. En los pueblos se burlan de quien emigra y vuelve hablando como en la ciudad. Es lo que los lingüistas llamamos deslealtad lingüística».

Citar:
«Aricar» - arar de forma superficial.

- «Petricor» - Olor que precede a las tormentas y la lluvia produce sobre el suelo seco, olor a «tierra mojada»

«Garabullos» - las ramas secas que van para el fuego (en Galicia).

«Agüili» - pajarito chico que es como un gorrioncillo (escuchada en Málaga)

«Torbar» - dedicarle tiempo y entretenernos en el bancal arrancando malas hierbas.

«Avío» - el almuerzo y útiles que llevan quienes van a pastorear o trabajar el campo

«Jañiquín» - En Candeleda (Ávila), el momento de la mañana en el que se realizan actividades y labores antes de que comience a calentar el sol.

«Acuillar» - coger aceitunas. Del aragonés.

- «Jabardillo» - cuando un conjunto de pájaros es más pequeño que una bandada

- «Madreñas» - un tipo de calzado tradicional de madera

- «Pergañas» - esas semillas que se enganchan en la ropa y las botas después de caminar por el campo

- La «zarzulla» - Hambre, en castúo.


Sigue la veterinaria de campo y escritora: «Por eso es tan importante esa narrativa desde los medios rurales. Se está visibilizando que en los pueblos también ha habido una industrialización y un abandono. Y que hay mucha gente que vive en un pueblo y que no sabe preparar un huerto. Obviamente no todos tenemos que ser agricultores», dice. Caballero reflexiona en este sentido: «Lo que más me ha llamado la atención es que incluso en las zonas más despobladas de la España Vaciada hay gente con inquietudes, proyectos y montando negocios y empresas económicamente viables. Hay que devolverles a un porcentaje de la gente que huyó a la ciudad. Creo que es una responsabilidad de nuestra generación».

Mortandad léxica

Volviendo a las palabras, la profesora de investigación del CSIC nos recuerda que hay muchas que se han perdido, la llamada mortandad léxica. Y es que la vida ha cambiado, sobre todo en el medio rural que «en un tiempo relativamente breve ha evolucionado más que de la época medieval al s.XX». Por ejemplo, nos explica, «en la mecanización de muchas palabras agrícolas que antes se hacían a mano, como la siega y la siembra, ya no son útiles una serie de palabras muy precisas que las designaban, para las partes del arado, las distintas formas de sembrar, los instrumentos, la protección para los dedos, etc. Cuando el progreso ha ido abandonando determinadas cosas, con ellas se han arrinconado las palabras que las nombraban».

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Ilustración de Cristina Jiménez para el libro «Almáciga» - Cristina Jiménez


Pero hay ejercicios de resistencia y homenaje colectivo, como el iniciado por Sánchez en agosto de 2018 en el festival de Bañarte (Baños del Río Toba, La Rioja), en donde aparecieron las primeras cartelas con aquellas palabras a rescatar. Y en las presentaciones del libro «se rula el cuaderno y me escriben palabras». Y en los coles donde va a dar charlas se lleva esas cartelas con palabras en peligro de extinción porque «me gusta ir desperdigándolas, para que despierten otras historias y otras palabras». Y porque hay que «cosirar», palabra aragonesa que significa «estar pendiente de algo». La poeta lo explica: «Cuando vas a ver a tu abuela, al huerto, a los animales… significa estar pendiente, ese cuidado. Ahora que con la pandemia hablamos tanto de cuidados, y de poner la vida en el centro, creo que es una palabra que deberíamos consirar todos más».


 
 




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Francisco Pérez de Villar Martín.
 
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